El Cronista Comercial

La Argentina se abre al mundo a través de la biotecnología

Impulsar la inversión en I+D por parte del sector privado para favorecer el desarrollo y adopción de nuevas tecnologías en los procesos productivos resulta clave para competir. La reglamentación de la Ley de Biotecnología allana el camino en este sentido. Pero, ¿está preparada la Argentina?


En agosto de 2017 se firmó el Acuerdo de Biotecnología, a partir del trabajo de los ministerios de Producción, Ciencia y Tecnología, Agroindustria, Salud y Hacienda de la Nación con empresas del sector.
Se planteó una agenda común para desarrollar inversiones por u$s 670 millones, aumentar las exportaciones, fortalecer la transferencia entre el sistema científico- tecnológico y el productivo, facilitar y simplificar procesos, y generar 800 empleos calificados.
Uno de los ejes del acuerdo era la Reglamentación de la Ley de Biotecnología para generar incentivos para que las empresas inviertan y fomenten la I+D. Y llegó. El Gobierno reglamentó la Ley 26.270 para promover el desarrollo y la producción de la biotecnología moderna.
En 2014, la Argentina contaba con una base empresaria relevante, integrada por más de 200 compañías productoras de insumos biotecnológicos.
Hoy, el país ocupa el puesto 16 dentro del ranking de países con más cantidad de empresas biotecnológicas. De las 200 empresas que hay, 70% son pymes; 63% se dedica a salud humana y animal; y el 93% están radicadas en Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. Además, el sector emplea a 4.400 trabajadores en forma directa.
Compromiso A comienzos de 2018 directivos de la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB) dieron a conocer las inversiones que las empresas de biotecnología realizarán para aumentar su producción y crear productos de alto valor agregado para exportar.
Según Gabriela Ciccia, directora de la CAB, en materia de salud, hay un movimiento interesante dentro de la Cámara.

“Este año y el próximo se van a hacer grandes inversiones”, anticipa.

Mabxience, por caso, invertirá u$s 40 millones para construir una nueva planta en Garín, donde producirá anticuerpos monoclonales para el tratamiento de distintos tipos de cáncer y enfermedades autoinmunes.
La planta estará operativa en 2019 y empleará a 150 profesionales en forma directa.

“Esto posiciona a la Argentina como un productor de anticuerpos monoclonales, siendo la primera planta de América latina que está funcionando y la segunda en el país”, asume Ciccia.

Otro ejemplo es Sinergium Biotech, dedicada a la producción de vacunas y productos biotecnológicos, que invirtió u$s 50 millones para iniciar la construcción de una nueva planta, también en Garín, que estará lista en 2020. Desarrollará antígenos con tecnología recombinante para fabricar vacunas contra la gripe.

Horizonte 2030 “¿Qué matriz productiva requiere Argentina para que, en las próximas décadas, el proceso económico sea dinámicamente inclusivo?”, se desprende del documento “Biotecnología argentina al año 2030”, encomendado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT) a Ubatec y la CAB con el objetivo de identificar, de cara a 2030, los retos, oportunidades y líneas de acción para la biotecnología argentina.

Para Fernando Lobos, director de Sinergium Biotech, biofarmacéutica con proyectos con Grupo Insud, Novartis y Pfizer, el país tiene potencial para exportar. “La biotecnología es transversal a muchas industrias. Un reto es lograr herramientas que impulsen la inversión en el ámbito emprendedor”.

Para Norberto Lerendegui, director de la carrera de Bioingeniería del ITBA, la Ley 26.270 promoverá la actividad financiando nuevos emprendimientos y proveyendo beneficios fiscales para empresas nacionales biotecnológicas ya instaladas.
El ingeniero destaca que “la universidad juega un rol central en la formación de profesionales capacitados, la investigación y la extensión”.
Desde la visión de GSK, la biotecnología es una de las áreas de mayor potencial para el desarrollo económico a nivel mundial, ya que genera conocimiento científico y productivo, y promueve el empleo calificado, permitiendo mejorar la calidad de vida de la población.

Ciccia plantea: “En el mundo se da incentivos fiscales a los desarrollos de alto riesgo. Aquí, el Gobierno está intentando dar créditos fiscales para la investigación y desarrollo, y promover la inversión privada. Si se bajan los aranceles; se hace una devolución inmediata del IVA; o se hace una amortización acelerada de los bienes de capital como prevé la ley, las firmas contarán con más plata para invertir en investigación y desarrollo, y en la generación de productos de alto valor agregado. Vivimos en un país con alto índice de pobreza y tenemos que colaborar entre todos. Esta ley es un buen ejemplo de colaboración público-privada”.

Pie a futuro

El país cuenta con interesantes capacidades y fortalezas para potenciar esa oportunidad y esa visión.
Con este escenario, una Argentina industrial-biológica integrada a otras actividades preexistentes no sólo es deseable: es objetivamente posible. Es importante seguir impulsando la revolución del conocimiento y un modelo de desarrollo que apunte a materializar el talento de las personas en productos y servicios que generen valor económico.
Por eso, la reglamentación de la Ley de Biotecnología es un avance extraordinario en el camino hacia una Argentina protagonista de la economía venidera. Con ese camino allanado, la Argentina tiene un pie en el futuro.