La Nación
27/08/2017

Grupo Insud

Un grupo diversificado y un legado al hijo

El matrimonio de Hugo Sigman y Silvia Gold fundó una empresa que produjo el film Relatos salvajes y fabricó vacunas antiaftosa en China; hoy, su hijo Leandro está a cargo de las actividades.

La producción de la película Relatos salvajes. La fabricación de vacunas antiaftosa en China. La construcción de una planta de energía a partir de biomasa forestal en Corrientes. Detrás de todas esas hazañas hay una familia: la que nació del matrimonio del psiquiatra Hugo Sigman y la bioquímica Silvia Gold. Muchas de las decisiones que se toman en Grupo Insud, el imperio que armaron, se toman en la sobremesa del domingo.

Era 1976 y el matrimonio escapaba de la dictadura militar. Y se instaló en Barcelona, desde donde fundó un laboratorio que, en principio, proveía a la empresa familiar del padre de Gold, que fue quien les prestó a su hija y a su yerno los primeros US$ 400.000 para que comenzaran su proyecto.

Así recuerda Sigman a su suegro: “Jugó un rol decisivo en mi cambio de profesión. Cuando llegamos a Barcelona él confió en nosotros y nos hizo un préstamo muy generoso. Además, se encargó de viajar conmigo por Europa y presentarme a todos sus amigos, a quienes les decía: «Si le das crédito a Hugo, es como dármelo a mí». Su rol fue más allá de prestarme dinero: fue un gran consejero”.

A la fundación del primer laboratorio le siguieron años de anécdotas, fruto de las 24 horas que pasaban juntos, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Gold recordó, entre risas, que en uno de los aniversarios del matrimonio Sigman se encontraba en Colombia para arreglar un embarque de amoxicilina. La llamó a las 7 de la mañana. “Qué amor, se acordó”, pensó ella. “Anotá”, comenzó él, y siguió con directivas para el día. Antes de cortar, su mujer le recordó la fecha especial en la que la había llamado.

Hace alrededor de una década, Gold y Sigman decidieron dar un paso al costado y dejarle el control del grupo a su hijo Leandro. El psiquiatra recordó ese momento: “Fue un proceso muy complejo. Yo tenía conciencia de que tenía que dejarle el lugar completamente, y de hecho los primeros cuatro años Leandro vivió en España, y Silvia y yo nos fuimos a vivir a Suiza. Yo no quería estar en el mismo lugar que él porque sabía que la gente que había trabajado conmigo tantos años se iba a referenciar conmigo más que con mi hijo”. A su vez, contó que se “enojaba interiormente” cuando su hijo le hacía consultas a otra persona en vez de hacérselas a él.

“Fue un proceso, fue mejorando con el tiempo. Me di cuenta de que sentía ganas de trabajar y resolví volcarme a mis asignaturas pendientes”, explicó. De ese modo, el grupo familiar comenzó a diversificarse cada vez más hacia la cultura, el agro, la biotecnología y el negocio forestal. “Lo que fue un trauma al principio, que fue dejar algo que Silvia y yo habíamos construido para pasárselo a Leandro, se transformó en una oportunidad de vida extraordinaria porque pudimos realizar muchas aspiraciones que estaban postergadas por el trabajo”, cerró.

400 mil

Fueron los dólares que les prestó el padre de Gold para que el matrimonio iniciara su propio proyecto

Seguir los pasos

Dejar lugar a la nueva generación es una de las claves

Confianza

En toda esta historia familiar fue fundamental que el padre de Silvia Gold confiara en sus talentos. Viajó por todo Europa para presentar a su yerno y pedir que tuvieran fe en su potencial emprendedor

Herencia

Hace alrededor de una década, Gold y Sigman decidieron dejarle el control del grupo a su hijo Leandro. Según recuerdan, fue un proceso muy complejo, pero comprendieron que era lo correcto

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