Clarín , 28/06/2020, Grupo Insud

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Hugo Sigman | El lugar de los empresarios en la Argentina

 

¿Qué espera la sociedad de los empresarios? 

La sociedad aspira a que los empresarios inviertan, innoven en sus métodos de producción, provean bienes y servicios de calidad. Esto implica un riesgo: antes de decidir una inversión el empresario nunca puede saber con certeza si será exitosa, si el mercado lo acompañará o si las condiciones en las que la pensó se modificarán radicalmente, por ejemplo por cambios tecnológicos o por la irrupción repentina de una pandemia arrolladora. 

 

El empresario, además, debe garantizar la utilidad que permita la estabilidad, el desarrollo y el crecimiento de su empresa, y el mantenimiento de los puestos de trabajo, la seguridad laboral y la capacitación y educación de sus colaboradores, además de pagar los impuestos correspondientes y cuidar el medio ambiente. En un país como Argentina, que sufre la falta crónica de divisas, es deseable que los empresarios procuren exportar o sustituir importaciones. En fin, la sociedad espera que los empresarios contribuyan al desarrollo económico y social.

¿La sociedad argentina piensa mayoritariamente que los empresarios cumplen ese rol? No. Las encuestas coinciden en que la valoración social de los empresarios es baja. Los empresarios, a su vez, perciben que la sociedad los critica, que no les reconoce el coraje de invertir y emplear, que no valora sus méritos y que despliega siempre un manto de sospecha sobre ellos. ¿Cómo se explica este desentendimiento mutuo?, 

 

Hugo Sigman en Clarín

Hugo Sigman, fundador de Grupo Insud y médico psiquiatra, analiza el rol de los empresarios en la sociedad argentina

 

¿Cuáles son las razones de este desamor?

La primera razón es que la búsqueda de la utilidad está mal vista por un sector de la sociedad, que la considera un rasgo de egoísmo o individualismo competitivo. Este motivo, de registro casi filosófico, se conjuga con otros, más concretos. Uno de ellos es la alta desigualdad: Argentina, al igual que otras naciones de América Latina, sufre problemas de distribución del ingreso y es, sobre todo desde los 70, una sociedad en buena medida fracturada. Para quienes no tienen empleo o sufren la exclusión y la pobreza, observar que otras personas viven con comodidad, que no están amenazadas por la incertidumbre y pueden garantizar el futuro de sus hijos resulta chocante e injusto. Es lógico que sea así.

 

Hay otras explicaciones,

como la sospecha de connivencia con el Estado. Es un problema, porque una relación dinámica, transparente y mutuamente provechosa entre el sector privado y el sector público es fundamental. Puede estar basada en incentivos, como en Estados Unidos, o en asociaciones más directas, como en Alemania o China, pero en todos los casos es crucial para el desarrollo. Como analiza Aldo Ferrer en El empresario argentino, este vínculo ha sido históricamente difícil en Argentina. 

Asociado a este problema se encuentra otro: En las últimas décadas, ramas enteras de la industria y los servicios fueron adquiridas por empresas multinacionales de origen extranjero, cuyos intereses son globales y no necesariamente coinciden con los del país. Quizás por eso la noción de “industria nacional” goza de una alta aceptación en la sociedad, mientras que los empresarios –que deberían ser los sujetos de esa industria nacional- no.

 

Por último, los empresarios a menudo son renuentes a participar del debate público. A diferencia de otros actores sociales, incluso aquellos que también suelen ser criticados por la sociedad como los sindicalistas, los empresarios muchas veces prefieren evitar los focos de la discusión abierta en los medios y las redes sociales y delegan su representación.

 

Pero, ¿los empresarios son necesarios?

En una economía social de mercado, que por ahora es la única que ha demostrado que es capaz de crear riqueza, sí: Los empresarios somos necesarios. Es cierto que se ha demostrado que en países como los nuestros, aun con una fuerte presión impositiva, los gobiernos tienen dificultades para redistribuir los excedentes, lo que dificulta la movilidad social ascendente. Pero los empresarios son, junto a los trabajadores y el Estado, los que hacen que la economía funcione, creando valor y empujando el progreso y el desarrollo. De hecho, si algo demostró la pandemia es lo riesgosa que resulta la deslocalización de la producción y la des-nacionalización de la industria y lo importante que resulta contar con fortaleza científico-tecnológica en el país. Las cadenas globales de valor pueden ser más convenientes en términos de costos, pero no siempre son lo mejor para el interés nacional, al punto que muchos países ya están trabajando en propuestas de fuertes incentivos para relocalizar empresas dentro de sus territorios y potenciar las cadenas de valor internas. Sería importante que Argentina generara, pensando en la recuperación pos pandemia, estímulos a la inversión que contribuyan al crecimiento y el desarrollo.

 

En este marco, estoy convencido de que los empresarios están llamados a desempeñar un rol importante en la Argentina pos pandemia: serán, junto al Estado, los responsables de la inversión necesaria para recuperar la economía, mejorar el empleo y enfrentar la pobreza. Sin embargo, la grieta que separa a parte de la sociedad y el gobierno de los empresarios es ancha, y percibo hoy a los empresarios desanimados, con poca voluntad de invertir e incluso mirando otros destinos. ¿Cómo hacer entonces para que los empresarios se relacionen de otra manera con la sociedad y para que la sociedad cambie la percepción que tiene de los empresarios? 

 

Participación

Un camino consistiría en que los empresarios nos animemos a participar más abiertamente de la discusión pública, en los medios, las redes y todos los ámbitos en los que se dialoga sobre el futuro del país. El debate público es un mar abierto donde no siempre es fácil sentirse cómodo, pero es el único lugar en el que personas de diferentes procedencias y con diferentes visiones intercambian ideas. Por eso sería interesante que los empresarios, ya no como accionistas sino como simples ciudadanos, estemos dispuestos a dialogar con otros y participar de la conversación sobre los temas más importantes para el futuro del país. Para ello sería beneficioso encontrar –o construir- ámbitos propicios.

 

No se trata de que todos estemos de acuerdo, pero sí de que todos podamos ser escuchados con respeto, reconociendo las diferencias, pero haciendo el esfuerzo de encontrar puntos en común. El desafío es de ida y vuelta. Quizás así nos conozcan mejor y se perciba que no todos los empresarios somos robots dedicados únicamente a perseguir la utilidad, sino personas con sueños -y también, por supuesto, prejuicios y equivocaciones-. De este modo se podrían generar espacios de encuentro que permitan dejar de lado preconceptos y estereotipos, tanto de parte de los empresarios como de la sociedad y los medios, para encontrar consensos; en definitiva, cambiar la grieta estéril por la inevitable pero necesaria puja distributiva, siempre buscando construir una Argentina en la que todos tengamos un lugar.  

 

Columna publicada por Clarin en su edición del domingo 28 de Junio de 2020

Hugo Sigman, médico psiquiatra y fundador de Grupo Insud.